
Llueve, llueve sin parar, los charcos parecen lagos plantados en medio de la calle, nacen de manera repentina y de la misma forma desaparecen carretera abajo. El agua corre por la carretera como si se le fuera la vida en ello, le dan cero importancia a todo lo que esté a su paso. Las hojas de los árboles no dan a basto para soportar tanta lágrima que cae del cielo. Si intento mirar al frente, pierdo de vista en la oscuridad mis manos. No puedo sentir ni el tacto de mis dedos, posiblemente sea el momento de morir congelado. Ya me lo advirtieron en casa que no pasara los meses más fríos fuera del cálido hogar.
No sé cómo he llegado a esta situación, no sé que hago ahora mismo en medio de Inglaterra perdido.
...
Posiblemente haya llegado el momento de volverme a orientar en el camino, y encontrar la dirección que un día decidí coger, ya que últimamente siento que algo ha cambiado.
Para terminar aprovecho diciendo que también te echo de menos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario